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PROFUNDIZANDO EN LA DONACIÓN: Un cuento para abrirnos a la generosidad

Los cuentos nos ayudan a abrir nuestra conciencia al hacernos reflexionar sobre el asunto planteado desde una perspectiva diferente 


Había una vez un limosnero que estaba tendido al lado de la calle. Vio a lo lejos venir al rey con su corona y su capa. Pensó: “Le voy a pedir, pues seguro que me dará bastante”. Cuando el rey pasó cerca, le dijo: “Majestad, ¿me podría por favor regalar una moneda?”, aunque en su interior pensaba que el rey le iba a dar mucho más.

El rey le miró y le dijo: “¿Por qué no me das algo tú?, ¿acaso no soy yo tu rey?”.

El mendigo no sabía qué responder a la pregunta, y dijo: “Pero majestad, ¡yo no tengo nada!”.

El rey le respondió: “Algo debes tener, ¡busca!”.

Asombrado, el mendigo buscó entre sus cosas y supo que tenía una naranja, un bollo de pan y unos granos de arroz. Pensó que el pan y la naranja eran mucho para darle, así que tomó cinco granos de arroz y se los dio al rey.

Complacido, el rey le dijo: “¡Ves como sí tenías!”, y le dio cinco monedas de oro, una por cada grano de arroz.

El mendigo dijo entonces: “Su majestad, creo que tengo otras cosas”.

El rey no hizo caso a su petición y le dijo: “Solamente de lo que me has dado de corazón, te puedo yo dar”.

Quizá pensemos que el acto de donar tiene relación con la caridad (dar aquello que nos sobra), quizá la religión o las circunstancias sociales con las que hemos convivido nos hayan influido a desarrollar esta percepción.

Sin embargo, quizá cuentos como este o películas como “Cadena de favores”, nos ayuden a abrir nuestra conciencia a otras percepciones donde pueda tener cabida la generosidad. Abrirnos a la generosidad es hacernos sensibles a los dictados de nuestro corazón para atender la necesidad del otro. Este acto conlleva valentía. Valentía para empatizar con la realidad del otro y entregar nuestra riqueza interior. Este acto de compartir nuestra riqueza interior es un elemento esencial para tejer un crecimiento constructivo de la sociedad de la que formamos parte.

Para ello, dar el primer paso en el nuevo sendero a caminar es clave. Si no tenemos la confianza suficiente como para atrevernos a dar ese paso, pequeñas acciones en nuestro día a día nos va a ir ayudando a entrenar esta forma de actuar. Quizá podamos buscar un momento para compartir un bien personal con alguien más necesitado que nosotros sin que medie interés de reconocimiento o agradecimiento por nuestra parte. Quizá hacer ese ejercicio y observar los beneficios que conlleva al otro, nos ayude a comprender que consecuencias tienen en nuestro día a día las pequeñas acciones que realizamos. En cualquier caso, ¿qué perdemos al intentarlo?

 

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4 mayo, 2018 REFLEXIONES

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