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24. PROFUNDIZANDO EN EL OCIO: Un espacio para estar en contacto con nuestra emocionalidad

Una vez que traspasamos el miedo a la supervivencia y reconocemos, a través de la independencia económica, nuestra capacidad para atender las necesidades más vitales, nos alejamos del miedo y empezamos a encontrar momentos de relajación y disfrute. El ocio nos invita a ello.

En el post, “descubriendo las categorías: el ocio”, concluimos lo siguiente:

Ocio es un espacio de tiempo que destinamos para satisfacer voluntariamente nuestro deseo libre y ajeno a cualquier imposición”.

La palabra deseo conlleva la necesidad de satisfacer una expectativa. Así, a través de la dopamina, como neurotransmisor asociado al sistema límbico del cerebro, nos movilizamos para cubrir nuestras expectativas y al cubrirlas experimentamos placer. Sin embargo, el exceso de dopamina nos vuelve adictos a mantener el circuito creado con el fin de seguir generando más y más dopamina.

En este punto, aparece la exigencia. La exigencia es la consecuencia de la tensión que nos genera el hecho de no tener el resultado que queremos. Así, al no aceptar el resultado, nuestra ira dificulta la capacidad para gestionar la frustración de nuestras expectativas. ¿Cómo lo solucionamos? Acudiendo al control. Al tener la ilusión de que controlamos todas las circunstancias que nos rodean, creemos que obtendremos el resultado que queremos y en la forma concreta que queremos. Sin embargo, ¿qué conseguimos con esto? Continuar el circuito puesto que al acudir al control, nos volvemos cada vez más exigentes con el resultado y la forma en la que queremos obtenerlo.

Y, ¿cómo construimos este circuito? A través de las emociones. Epicuro, en el siglo III a.C nos animó a reflexionar sobre la necesidad de ser felices a través del disfrute de los placeres de la vida. Sin embargo, el proceso para lograrlo implica que lleguemos a conocer nuestra grandeza emocional y la gestión de los límites.

Actualmente, el mundo emocional, está asociado al tramo límbico de nuestro cerebro triuno. En concreto, este tramo es el encargado de controlar nuestra vida emotiva puesto que su función principal es la de sentir. Si bien, el sistema límbico es una de las partes más antiguas del cerebro, no es sino hasta el siglo XX cuando se llegó a concluir que en él se localiza nuestro subconsciente o preconsciente. Aquella parte intermedia entre el inconsciente y el consciente que si bien no podemos controlar con la consciencia, ésta nos permite acceder a aquella para su posterior comprensión. En consecuencia, entender la expresión emocional como un resultado en el presente de nuestras experiencias pasadas y acudir a la consciencia para atender y acompañar esas emociones nos alejan de la crítica para abrimos a la aceptación.

Por lo tanto, el ocio es una oportunidad para estar en contacto con nuestras emociones. En este punto, tendremos que decidir si queremos, generar un espacio para atender a las exigencias del circuito creado a través de nuestros deseos o generar un espacio de aprendizaje para atender a nuestra expresión emocional a través de la empatía. Quizá, atrevernos a ser empáticos con nosotros mismos sea el primer paso para ser flexibles a nuestra expresión emocional como un elemento que nos permita aceptar la frustración de resultados diferentes a nuestras expectativas.

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2 junio, 2018 REFLEXIONES

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