Blog

MANTENER LA TOMA DE DECISIONES EN LAS REBAJAS

Desde hace unos días estamos inmersos en uno de esos períodos comerciales que se repiten año tras año, las rebajas. Impulsados por el precio, nos adentramos en establecimientos para competir en un mar de gente buscando satisfacer las necesidades que a golpe de idea hemos dibujado en nuestro pensamiento.

De repente, el ambiente en el que nos encontramos inmersos nos envuelve de tal manera que, guiados por la emocionalidad del momento, nuestras necesidades van incrementándose más allá de lo que en un primer momento habíamos decidido. De hecho, al ver la factura de nuestra compra se entremezclan un cúmulo de sensaciones donde, por un lado, el bienestar por haber “ahorrado dinero” deja espacio al remordimiento por haber comprado cosas de las que no estamos seguros que necesitemos.

¿Qué nos ocurre en ese proceso?

Como si de unos chapuzas nos tratásemos, hacemos un cortocircuito eliminando la conexión con nuestra propia reflexión dejándonos invadir por las circunstancias de todo aquello que nos rodea, nublando así nuestra toma de decisiones. La consecuencia, dejamos de tener en cuenta nuestra parte más racional y nos dejamos arrastrar por el mar de emociones e impulsos que sentimos.

¿Cómo podemos solucionar el cortocircuito creado?

Haciendo un trabajo de equipo al implicar todo nuestro ser en el proceso. Para ello, debemos conectar nuestra parte racional con la emocional y la instintiva.

En primer lugar, debemos acudir a nuestra racionalidad como vía para reflexionar, de la forma más concreta posible, sobre nuestras necesidades de compra (en el caso de compra de ropa, el tipo de prenda, el color, la forma, el tamaño, la finalidad, identificar el lugar donde hacer la compra…). Para hacer este pequeño ejercicio, internet es un gran medio a nuestra disposición.

En segundo lugar, conectar con nuestra parte emocional nos permitirá además de tener en cuenta nuestros gustos (como por ejemplo, lo estético, el tacto, el color, la forma…) vincular los mismos a determinadas cualidades (tales como bienestar, coherencia, alegría, comodidad, libertad…) y desde ahí, poder hacer un ejercicio más allá de nosotros mismos al tener en cuenta si esas cualidades son compartidas con la empresa o persona que elabora esos objetos para nosotros. De esta manera, acudiendo a este proceso, podemos incluir en la toma de decisiones más filtros que el dinero desarrollando una visión más allá de nosotros mismos y con un horizonte temporal más allá de la emocionalidad del momento presente.

Por último, nuestra parte instintiva nos da el compromiso suficiente para mantenernos firmes y llevar a la acción el objetivo: ejecutar nuestra toma de decisiones.

Porque, ¿realmente somos conscientes de cuántos de los objetos (ropa por ejemplo) que compramos en rebajas, no le damos finalmente el uso que en un primer momento pensábamos? ¿Creéis que un ejercicio más consciente de nuestras necesidades nos permitiría distribuir el dinero de manera diferente y relacionarnos con nuestras compras de una manera más propia y conectada con nosotros mismos?

Nosotros creemos que al despertar la consciencia y tomar conciencia de nuestras acciones podremos enfocar el proceso de toma de decisiones desde una perspectiva diferente con el objeto último de ser coherentes con nosotros mismos.

10 julio, 2017 REFLEXIONES

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.