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50. LA PRINCESA QUE CREÍA EN LOS CUENTOS DE HADAS: Responsabilizarse de nuestra vida (IV)

En el post anterior, invitábamos a trabajar la mirada interior a través de la escucha y la identificación de nuestros miedos, lanzando la reflexión sobre si la  ausencia de autovaloración podría implicar una carencia de amor hacia uno mismo.

Victoria comenzó su convivencia con el príncipe azul en su nuevo palacio.

  • “Me estaba imaginando lo que sucedería si siguiera el consejo del crítico de arte y me presentara a una prueba para el Gran Teatro Real, -dijo Victoria-.
  • Lo conseguirías sin lugar a dudas -le contestó el príncipe-. (…) Sin embargo, desde ese mismo momento estarás tan ocupada que no tendrás tiempo para mí y te relacionarás con esa gente del teatro…Probablemente, será el fin de nuestro matrimonio.
  • ¡Eso es ridículo! ¡No puedo creer que estés diciendo una cosa así!
  • Te conozco. Sé que eres capaz de conseguirlo. Te amo demasiado para arriesgarme a perderte y no quiero que lo hagas. Olvídate de actuar en el Gran Teatro Real. Si quieres hacer algo, tal vez este sea un buen momento para que aumentemos la familia.

La princesa se quedó atónita y perpleja. Pero el príncipe era lo primero y decidió en ese mismo momento renunciar a la idea de volver a actuar en un escenario. Sin embargo, Vicky no tenía intención de abandonar”.

En ocasiones, internamente sentimos claramente una pulsión muy fuerte para hacer algo, sin embargo, ¿por qué sentimos una gran dificultad para dejarnos guiar por esa parte de nosotros que tiene claro lo que quiere? ¿Quizá otorgamos más importancia a lo que nos dicen desde fuera, en lugar de seguir lo que nos dicta nuestro corazón?

  • “Todo esto es estúpido -le dijo Vicky-, no le vas a hacer caso, ¿verdad?
  • Sí, en efecto, -le contestó Victoria.
  • Pero ¡no puedes hacerlo! No es justo, ya sabes lo que nos gusta cantar y bailar, y es muy posible que nos hagamos famosas. (…)
  • Ya lo sé, Vicky, pero el príncipe nos quiere mucho más y nosotras también le queremos. ¿No pretenderás hacer algo que le pueda hacer sentirse desgraciado o que nos haga perderlo, verdad?
  • Bueno…supongo que eso sería todavía peor que no llegar a ser una estrella famosa, -murmuró Vicky, y ya no volvió a mencionar el tema”.

Renunciar a lo que queremos por miedo a perder lo que hemos conseguido es, sin duda, una decisión difícil, ¿qué pasaría si lo intentásemos? ¿Y si no hacerlo supusiera estar renunciando a algo que puede que sea lo que le dé realmente sentido a nuestra vida?

En este punto es posible que sintamos que si no nos comportamos como nos demanda el exterior, nos dejen de querer. Sin embargo, ¿quién es el que realmente se deja de querer al no escucharse así mismo?

“La princesa fue adquiriendo fama de una exquisita cocinera de comidas naturales. Los amigos y los invitados alababan sus recetas. Una noche, uno de ellos le sugirió que recogiera todas sus recetas en un libro, lo cual le pareció al príncipe una idea excelente. (…)

Una tarde, tras meses dedicados a la elaboración de su libro, escribiendo los ingredientes para su suflé de verduras, vio a su príncipe traspasándole con una mirada aguda y penetrante.

  • Te preocupas más por ese miserable libro que por mí -le dijo con enfado-. Ya no me prestas atención, cada vez que te miro, estás cocinando o anotando algo.
  • Lo siento. Creía que querías que escribiera este libro, -le contestó temblando.
  • ¿Qué te hace pensar que será lo bastante bueno como para que te lo publiquen?
  • Tú me convenciste de ello y pensaba que te sentirías orgulloso de mí.
  • ¿Orgulloso?, ¿de qué? -le dijo el príncipe enfadado-, ¿de una esposa que no ama a su marido lo suficiente como para estar a su lado cuando él la necesita?
  • Estoy a tu lado siempre y te amo en cuerpo y alma. Siempre tengo tiempo para ti y lo sabes. (…)
  • Ya basta! Odio que sigas con tus interminables explicaciones.-

A la princesa se le encogió el pecho y comenzó a dolerle la cabeza por el tono histérico de voz con el que Vicky atronaba sus oídos diciendo: “¡Nos odia!, ¡nos odia!”

Empujados o animados por otras personas, realmente quien decide hacer algo es uno mismo. Ahora bien, si hacemos depender del otro el amor, la valoración de nuestra persona o las decisiones sobre nuestra vida ¿qué no soportamos de sentirnos responsables? Responsabilizarse de nuestras decisiones, nos ayudará a hacerlas propias y a liberarnos de la culpa hacia el otro, tomando las riendas de nuestra vida, creciendo en independencia.

“Más tarde mientras la princesa lloraba sobre su almohada, entró el príncipe y se sentó a su lado. Le repitió una y otra vez lo mucho que lo sentía, que no había sido su intención decir todas esas bobadas y que la última cosa en el mundo que deseaba era herirla. También le dijo lo mucho que la amaba y le prometió que no volvería a ocurrir una cosa así jamás…”.

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1 diciembre, 2018 CIBERESPACIO

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