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FILMOTECA: El Manantial

La categoría de artículos llamada filmoteca, tiene como objeto analizar aquellas películas conectadas de algún modo con hechos reales para identificar un aprendizaje que nos sea útil en nuestro día a día

El Manantial es una película estadounidense producida en 1949 que tuvo por objeto llevar al cine la novela escrita por Ayn Rand. Ayn, fue una filósofa y escritora de origen judío ruso que comenzó a escribir la novela en 1934. Sin embargo, no fue sino hasta 1943 cuando se publicó. Durante ese período, Ayn tuvo muchos problemas para encontrar un editor. De hecho, fueron tantos los editores que rechazaron la novela, que incluso el propio agente de Ayn Rand comenzó a criticar la obra. Por ese motivo, Ayn lo despidió. Una vez publicada la novela, y ante la propuesta para hacer la película, las dificultades siguieron sobrevolando a la obra puesto que Ayn tuvo que luchar mucho para mantener la integridad del guion.

Desde un punto de vista argumental, el propósito de El manantial se centra en discernir sobre el individualismo y el colectivismo del alma humana. La obra se concentra en Howard Roark (Gary Cooper). Roark es un arquitecto completamente entregado a sus ideales: ninguna persona debe copiar el estilo de otra. Y, la trama, por su parte, se debate en cómo Roark gestiona las diferentes circunstancias que pueden poner en tela de juicio su integridad humana.

Resulta llamativo el cierto paralelismo existente entre la historia de Ayn Rand y Howard Roark. Cómo en ambos casos, la vida les sometió a situaciones que permitieron testear el compromiso real de sus intenciones.

De esta manera, ambos casos, nos inducen a reflexionar sobre nuestra integridad: ¿Qué hacer? ¿Seguir el camino marcado a través de las circunstancias que nos rodean (el modelo estandarizado para llegar al éxito) o seguir los pasos de nuestra brújula interior?

Quizá una posible respuesta sea, replicando la filosofía aristotélica, acudir a la virtud del punto medio a través de la experiencia. Así, la integridad, deja de convertirse en tan sólo una idea para convertirse en arte (viene del latín ars –conocimiento fruto de un aprendizaje que tiene una aplicación práctica- como contraposición a scientia –conocimiento sin aplicación práctica-). De este modo, la destreza de la persona para ser íntegro deambula entre el respeto y comprensión a sí mismo y el respeto y comprensión a las circunstancias que le rodean.

No hacerlo tiene una doble consecuencia. Por un lado, el hecho de priorizarnos a nosotros sobre las circunstancias externas nos puede llevar a la inflexibilidad e intransigencia. Por otro lado, priorizar las circunstancias externas por encima de nosotros mismos hace que vivamos a merced del otro mendigando fuera aquello que no sentimos dentro. En cualquier caso, en ambas situaciones convive un punto en común: la radicalización de la mente, lo que en definitiva, conlleva la destrucción de la propia integridad.

Por tanto, el arte de la integridad se traduce en la búsqueda del equilibrio entre los resultados externos que obtenemos de nuestras acciones y las sensaciones internas que marcan nuestra brújula interior. Desde nuestro punto de vista, cada uno de nosotros hemos venido aquí para desarrollar una función. Darnos cuenta de cuál es, ponernos en marcha para hacerlo tangible y hacerlo útil para aquello que nos rodea es el mayor gesto de integridad que una persona puede hacerse a sí mismo.

El compromiso de Any Rand para mantener la integridad de su novela fue uno de los principales motivos por los que en el año 2.008, se habían vendido más de 6,5 millones de copias en todo el mundo y se había traducido a varios idiomas. Entonces, ¿Qué pensáis? ¿El éxito es un meta a alcanzar o una consecuencia de nuestra integridad personal? Estaremos encantados de recibir vuestros comentarios.

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15 abril, 2018 CIBERESPACIO
2 Comentarios
  1. MªCruz Rivas García 22 abril, 2018 at 9:17 am Responder

    En mi opinión, el éxito es el resultado de combinar ambas premisas.
    Es imprescindible que nuestra integridad personal y en efecto, nuestra esencia, den paso al ÉXITO. Si bien, dependerá de la motivación intrínseca y propia de cada uno de nosotros, pues no todos tendrán el éxito por ambición u objetivo en su vida.
    Es así que, sólo para un porcentaje determinado de la población, el éxito será una meta a alcanzar. Que tendrá cabida a medida que la integridad personal lo vaya alcanzando. Mientras que para otros, el éxito no será relevante en sus vidas y tendrán por meta otros atributos.

    • Gracias M°Cruz por tu reflexion. Quiza definir lo que cada uno entienda por exito sea la premisa para darnos cuenta el punto del camino en el que nos encontramos. ¿Que opinais?

      Un saludo desde MCF

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