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25. FILMOTECA: Dr. Jekyll y Mr. Hyde

La categoría de artículos llamada filmoteca, tiene como objeto analizar aquellas películas conectadas de algún modo con hechos reales para identificar un aprendizaje que nos sea útil en nuestro día a día


La película Dr. Jekyll and Mr. Hyde está basada en la novela de Robert L. Stevenson El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, publicada en 1886 y dedicada a fenómenos de la personalidad escindida.

Henry Jekyll es un filántropo e idealista doctor en medicina, obcecado con la idea de encontrar una fórmula que le permita aislar los impulsos malignos del ser humano. Tras investigar profundamente, inventa una pócima, y con el objeto de experimentar consigo mismo sus efectos, se la bebe. A partir de ese momento, se convierte en un monstruo, lo que le lleva a cometer todo tipo de atrocidades.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde plantea el conflicto interior del ser humano entre el bien y el mal. Al hacerlo, intuimos una cierta vinculación entre la trama de la película y las posteriores doctrinas freudianas (elaboradas en torno a dos décadas posterior a la publicación de la novela) sobre el desdoblamiento del “Ello”, sobrecargado de pulsiones sexuales y agresivas, y la endeble estructura del “Yo” ante ellas. Asimismo, cabría señalar que incluso el término “Hyde” guarda cierta correspondencia con el arquetipo de la “Sombra” empleado por C.G.Jung por primera vez en 1913 (prácticamente 3 décadas después de la publicación de la novela).

Por ello, resulta curioso como Robert L. Stevenson incluyese la palabra “Hyde” en el título de la novela para evocar a la parte oscura del alma. Aquella que, si bien como seres humanos intuimos que existe en nuestro interior, nos aferramos por no dejarla salir por miedo a que la imagen que hemos construido de nosotros mismos se destruya.

Sin embargo, al formar parte de nuestro ser, esta parte escindida sale descorchada al exterior cuando las circunstancias externas son manifiestamente desfavorables a los intereses de nuestro ego.

En este punto, quizá podríamos plantearnos que como seres humanos, compartimos una tesitura común: las circunstancias externas van a llevarnos a decidir qué hacer con esta parte menos grata de nosotros mismos. Sin embargo, a pesar de compartir esta dicotomía, cuando vemos a otra persona reaccionando desproporcionadamente ante una circunstancia externa, el juicio y crítica condenan de tal manera su comportamiento que no dejamos espacio a la comprensión. Esta conducta no es sino un fiel reflejo de la manera en que cada uno de nosotros condenamos nuestra parte interna escindida.

Avanzar, significa darnos cuenta que dejar a esa parte encerrada implica dejar al arbitrio de las circunstancias su aparición. De esta manera, procrastinamos una necesaria autogestión emocional a un futuro incierto pero inevitable. Así, el hecho de no atender a esa parte, probablemente genere que, a pesar de que queramos apagar su voz, los golpes de su llamada cada vez sean más fuertes resultándonos cada vez más difícil su contención. En consecuencia, nos aferramos a las circunstancias para culparlas como chivo expiatorio de una conducta, la nuestra, que esperamos que el tiempo y la educación las solucione.

Esta problemática pasa por comprender que existe una parte de nuestro ser que no aceptamos porque pone en tela de juicio la imagen que tenemos de nosotros mismos. Y, por ende, tememos que las personas que nos rodean, nos dejen de querer, respetar o reconocer. Sin embargo, priorizar las exigencias de nuestro ego, implica dejar de escucharnos a nosotros mismos para vivir enfrentados con una parte de nuestro ser que sólo necesita atención y cariño. La misma atención y cariño que demandamos nosotros de los demás.

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9 junio, 2018 CIBERESPACIO

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