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39. EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA: El castillo del Silencio (III)

En el último post, llegamos a la conclusión que en el viaje hacia uno mismo, la vida nos acerca a seres maravillosos que abren nuestra mente y expanden nuestro ser, como Merlín. Si bien el encuentro con estos seres mágicos suele ser breve, su Espíritu nos acompaña.

El Caballero llegó al castillo del Silencio. Completamente sólo, entró a una sala con una chimenea y un tapete. Un hombre se acercó. Era el rey. Éste le confesó que solía recorrer el Sendero de la Verdad a menudo para encontrarse a sí mismo. Sin embargo, le parecía más sencillo decirles a sus súbditos que partía a las cruzadas ya que era probable que no le entendieran sino. Tras el encuentro, el rey se despidió del Caballero. Ante la resistencia de éste a quedarse sólo, el rey le confesó que si bien las primeras veces no había deseado quedarse sólo, se fue dando cuenta de que lo que uno tenía que hacer ahí, lo tenía que hacer sólo. Finalmente, se marchó.

Era la primera vez que el Caballero experimentaba esa sensación. Tras hablarse así mismo, empezó a tararear una canción. Con el paso del tiempo, el cansancio atenuó su voz hasta que entró en un estado de quietud. De pronto, quedó imbuido por el silencio…

¿Hemos pensado qué ocurriría en nuestras vidas si no existiesen los aparatos electrónicos, los libros, personas con las que poder relacionarnos…? ¿Hemos pensado qué ocurriría si nos atreviésemos a estar en silencio con nosotros mismos sin poder acudir a estímulos externos? De hecho, ¿es posible que utilicemos los estímulos externos para evitar estar en silencio?

Poco a poco, el Caballero, empezó a notar una sensación que ya intuía: sentía miedo de estar sólo.

¿Por qué íbamos a tener miedo a estar a solas con nosotros mismos? ¿Quizá no queramos descubrir que convivimos con aquella parte de nosotros que escondemos por no considerarla apta para formar parte de nuestra vida?

Confundirnos con el silencio nos permite situarnos en el momento presente. De esta manera, nos alejamos de las excusas de nuestra mente que se empeña en transportarnos al pasado o al futuro con el objeto de tergiversar la realidad. Y así, acabamos criticando aquello que puede poner en tela de juicio nuestra realidad ideal. ¿Y si de repente nos diéramos cuenta que la crítica pretende eliminar en el otro aquella parte que detestamos de nosotros mismos?  Siendo esto así, ¿es posible que la crítica evidencie la incapacidad de la persona de amarse a sí misma?

Al acudir al silencio obtenemos un magnífico antídoto para la crítica. Nos permite abrir la puerta de la escucha. Y, a través de ella, que atraviesen todas nuestras dudas. Aquellas que soterrábamos para seguir viviendo en las certezas parciales de nuestras creencias y mantener así nuestro status quo. La recompensa merece la pena, empezar a alumbrar la parte oscura de  nuestro ser para acercarnos a la luz que guía nuestra alma.

El Caballero hizo algo que nunca antes había hecho. Se quedó quieto y escuchó el silencio. Se dio cuenta de que, durante la mayor parte de su vida, no había escuchado a nadie ni a nada. No había oído a Julieta, cuando ella intentaba decirle cómo se sentía: especialmente cuando estaba triste. Le hacía recordar que él también estaba triste. De hecho, una de las razones por las que había decidido dejarse la armadura puesta todo el tiempo era porque así ahogaba la triste voz de Julieta. Durante años, la había obligado a vivir en un castillo de silencio. Se puso a llorar…

El silencio permite comprender aquello que no queremos escuchar por miedo a confrontarnos con nuestro dolor.

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13 septiembre, 2018 CIBERESPACIO

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