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DESCUBRIENDO LAS CATEGORÍAS: La inversión

 

¿Cuál es la forma en que te relacionas con el mundo a través de la inversión?

Con el objeto de seguir descubriendo las diferentes categorías y como continuación de los anteriores posts (Gastos Necesarios, Ocio, Ahorro, Formación), hoy, analizaremos la inversión.

Desde un punto de vista económico, resulta inevitable hablar de inversión y no asociarla a la búsqueda de una rentabilidad. Sin embargo, resulta igual de importante desgranar qué entendemos por rentabilidad. La forma en que definamos la relación entre el beneficio que queremos obtener y el esfuerzo que se está dispuesto a hacer, van a marcar nuestros resultados y su congruencia con nuestras verdaderas motivaciones.

Desde un punto de vista conceptual, la palabra invertir, tiene su significado etimológico en el latín. Invertere es una palabra latina formada por el prefijo in (hacia dentro) y el verbo vertere (verter –echar fuera- o dar la vuelta).

De esta manera, podemos concluir que la inversión es un concepto muy personal que puede materializarse desde diferentes perspectivas. No obstante, también vislumbramos una esencia común: la inversión propicia la expresión externa de lo interno.

Esta conclusión nos sugiere que la inversión es un proceso que implica tiempo. Tiempo, por un lado, para ir construyendo el aprendizaje necesario que nos permita decidir en qué invertir, y por otro lado, tiempo, para generar una suma económica que actúe como instrumento a través del cual materializar la inversión decidida.

De esta manera, la inversión como cualquier proceso que conlleva tiempo, requiere desarrollar aspectos tales como la reflexión y el análisis para la toma de decisiones. Capacidad de esfuerzo y paciencia para mantener nuestra voluntad en la consecución del objetivo. Gestionar la incertidumbre del resultado.  Y, en su caso, el no cumplimiento de la expectativa proyectada en la inversión ya que los resultados esperados no siempre dependen únicamente de uno mismo.

Por ello, algunos de nosotros, no confiamos en el proceso, desmotivándonos al darnos cuenta del esfuerzo y la dedicación que implica la inversión. Otros, consideramos que la inversión no es algo seguro y tenemos miedo de confiar en nosotros mismos o en los demás porque no sabemos gestionar la frustración ante la no obtención de los resultados esperados. Mientras, otros, no nos sentiríamos inteligentes soportando el proceso cuando podemos acudir a la financiación para saltarnos algunos pasos del proceso y obtener el resultado mucho más rápido.

Sea cual sea nuestra situación al invertir, las personas estamos tomando una decisión en función de aquello que consideramos más beneficioso. La toma de decisiones implica que al tomar una opción, rechacemos otra. Por ello, es importante despertar la consciencia para poder darnos cuenta que aunque la mente sólo vea una alternativa de beneficio, existen múltiples posibilidades. Así, al despertarla, podríamos aceptar y gestionar las consecuencias de nuestras decisiones, sean cuales sean, como resultado de un firme compromiso con nosotros mismos.

Si bien, no podemos cambiar el exterior a nuestro gusto, a través de la inversión manifestamos cómo vemos el mundo expresando a través del dinero la forma en la que queremos relacionamos con él.

21 enero, 2018 REFLEXIONES

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