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DESCUBRIENDO LAS CATEGORÍAS: FORMACIÓN

 

En línea con los posts anteriores relativos a las categorías Gastos Necesarios, Ocio y Ahorro,  el post de hoy tiene por objeto descubrir la categoría de Formación.

Actualmente están proliferando infinidad de cursos de formación. Internet, como puente de la llamada sociedad del conocimiento, ha ampliado de manera exponencial el abanico de posibilidades. Sin embargo, ¿nos hemos planteado para qué acudimos a la formación?

Etimológicamente, la palabra formación proviene de la palabra latina formatio. Este término está asociado al verbo formar que, en esencia, significa otorgar la configuración externa de algo. En este sentido, la RAE define formación como:

  1. f. Acción y efecto de formar o formarse.
  2. f. forma (configuración externa).

Leyendo la definición, el primer punto que llama nuestra atención es que la palabra formación está íntimamente relacionada con una acción externa para configurar algo, y por lo tanto, con cambiar o modificar nuestro estado actual.

De esta manera, en un momento determinado, observamos que nuestros resultados no son del todo satisfactorios y una sensación interna empieza a llamar a la puerta de la consciencia: necesitamos un cambio para conseguir aquello que anhelamos. Algunos de nosotros, acudimos a la formación como una de las vías posibles. Esta situación ocurre, por ejemplo, cuando aspiramos a que nos contraten en un nuevo trabajo. Si consideramos que no hemos desarrollado las aptitudes necesarias para cumplir con los requisitos que el nuevo trabajo demanda, podemos acudir a la formación como la llave que nos abrirá la puerta.

Sin embargo, nos hemos planteado ¿cómo queremos realizar el cambio?

Estamos acostumbrados a dibujar en nuestra mente un ideal de la persona que queremos ser. Esto conlleva que destinemos parte de nuestra energía en llenarnos de formación como medio para alcanzar nuestro ideal. No obstante, ¿nos hemos planteado que consecuencias internas tiene el hecho de que creamos que el cambio sólo llega a través del exterior?

Es posible que, para algunos de nosotros, la primera consecuencia sea que tengamos la sensación de vivir en una autoexigencia permanente para conseguir el resultado esperado. La segunda, depende del resultado. Si es positivo, empezamos a generar la creencia que el circuito creado es el idóneo para obtener resultados en el futuro. En cambio, si no logramos el resultado esperado, la apatía y desidia sobrevuelan nuestra conciencia para recordarnos que nuestro esfuerzo no ha resultado útil. Conclusión: vivimos, tal y como nos acercó Shakespeare en la obra teatral Hamlet, en el ser o no ser. De esta manera, pensamos que la formación nos va a permitir que declinemos la balanza hacia ser (válidos, merecedores, inteligentes…). Y, posiblemente, en algunos momentos tengamos razón.

Sin embargo, desde nuestro punto de vista, la formación como concepto ligado al cambio, implica una oportunidad de aprendizaje: aprender a observar las resistencias que nos genera la novedad. Para que, desde ahí, poder empatizar con nosotros mismos y entender que para el ser todo es útil. Esta visión nos ayudaría a prestar menos atención a la dualidad que el exterior nos pueda ofrecer y empecemos a acudir a herramientas como la flexibilidad y adaptabilidad para integrar con equilibrio el aprendizaje externo.

Os animamos a que podamos ver la formación como la llave para ampliar nuestra mirada interna puesto que el crecimiento es la suma de todas nuestras experiencias.

17 diciembre, 2017 REFLEXIONES

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