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FILMOTECA: El perdón (the claim)

 

La categoría de artículos llamada filmoteca, tiene como objeto analizar aquellas películas que, conectadas de algún modo con hechos reales, nos permitan identificar un aprendizaje que nos sea útil en nuestro día a día

El perdón es una película británica-canadiense dramática y de Western dirigida por Michael Winterbottom.

La trama de la película nos acerca a California en 1849. En plena fiebre del oro, Daniel Dillon (Peter Mullan), inmigrante irlandés empobrecido, toma la decisión de intercambiar a su mujer (Nastassja Kinski) y a su hija a un minero, a cambio de la concesión de un yacimiento de una mina de oro. Dos décadas después, su esposa e hija vuelven a encontrarse con Dillon. En ese momento, Dillon se ha convertido en la autoridad del pueblo llamado Kingdom Come. Su principal objetivo es convencer a Donal Dalglish (Wes Bentley) para que se instalen las vías del ferrocarril en el pueblo. Sin embargo, no lo consigue.

La película, nos recrea la vida estadounidense de hace tan sólo 170 años. Nos hace empatizar con el conflicto del ser humano en su lucha por controlar un entorno que en ese momento era tremendamente hostil para su supervivencia. Dillon, frustrado en su búsqueda por hacerse rico, objetiviza a su mujer e hija a cambio de la seguridad que nos ofrece lo material. Más tarde, en la soledad de su cabaña, su conciencia le hace reflexionar sobre las consecuencias de su impulsiva decisión. Sin embargo, ya es tarde: su mujer e hija han partido con otro hombre. En este momento, Dillon, decide enterrar su pasado y comenzar de nuevo.

No obstante, la película, como nos ocurre en la vida, ofrece a Dillon una segunda oportunidad. Esta oportunidad se presenta con la llegada de la que eran su mujer e hija al pueblo.

Ante este hecho, la conciencia de Dillon se desentierra abruptamente conectándole con la culpa, la vergüenza y la responsabilidad de la decisión que veinte años antes había tomado. Emociones, que después de tanto tiempo encerradas, le van persiguiendo de una manera tan violenta que su única obsesión se convierte en obtener el perdón de su mujer e hija.

A partir de ahí, el hombre fuerte, seguro de sí mismo y confiado, empieza a bajar poco a poco las escaleras de su propio infierno. Empieza a destruir todo aquello que había construido. Deja a su actual pareja, regalándole una herencia suficientemente importante como para vivir bien. Propone a su mujer organizar una boda para que su hija herede su pueblo. Construye la mejor casa del pueblo para poder vivir como la familia que no habían podido ser.

Ante este cambio de actitud, su mujer, gravemente enferma, le perdona. Sin embargo, Dillon no tiene el valor suficiente para confrontarse con los sentimientos de su hija y decide ocultar los verdaderos motivos de su forma de actuar. He aquí, donde se enquista el problema.

Dillon, quiere seguir dejando enterrados sus sentimientos. Sin embargo, su conciencia, esa voz que nos habla a todos para recordar nuestros errores y nos van torturando día a día si no la dejamos aflorar, se vuelve en el principal motor de las decisiones de Dillon.

De repente, su mujer se muere. Dillon, en un intento desesperado para que su hija no se aleje de él tras la muerte de su madre, genera un encuentro. En él, de manera brusca, le explica que él es su padre y por ese motivo quiere que herede el pueblo que había construido. Espera un perdón y volver a nacer. Sin embargo su expectativa se rompe.

El dolor de la frustración hace que Dillan destruya su propio pueblo y se abandone en la intemperie de las blancas colinas de California hasta que se congela y muere.

CONCLUSIÓN

Esta historia nos recuerda la necesidad de perdonarnos a nosotros mismos. La mayoría de nosotros, como Dylan, buscamos fuera la aprobación de nuestros propios actos. En vez de observar la voz de nuestra conciencia, contextualizarla y reconocer nuestra imperfección como seres humanos que somos, buscamos fuera, aquello que nosotros no nos hemos dado dentro. La consecuencia, hacemos cosas para obtener un resultado que no depende de nosotros mismos: que nos perdonen.

Esta película nos abre a la reflexión de cómo enfrentarnos a las consecuencias de nuestras decisiones: dejarnos arrastrar por nuestros sentimientos o asumir la responsabilidad de nuestras decisiones como una oportunidad de amarnos a nosotros mismos.

4 febrero, 2018 CIBERESPACIO

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