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60. LA PRINCESA QUE CREÍA EN LOS CUENTOS DE HADAS: La mariposa que llevamos dentro (IX)

Victoria ya está inmersa en el Camino de La Verdad y pese a las dificultades del mismo que se evidenciaron en el post anterior, continua con paso firme.

“El angosto sendero, las rocas, los arbustos y los árboles parecían estar llamándola por su nombre. ¿Por qué? -se preguntó-, ¿por qué me siento obligada a seguir el camino que parece ser el más difícil de los dos? No tenía sentido y, sin embargo, el sentimiento seguía dominándola. A pesar de lo que sentía, decidió que era ridículo y trató de convencerse de que no era cierto y de que era un producto de su imaginación. Sacó el mapa de la familia real y eligió el otro sendero. (…)

  • Este camino no es el que parece en absoluto. Podía ver cosas que no estaban aquí y era incapaz de ver las que sí estaban. Me confundió totalmente.
  • Raras veces vemos las cosas como son en la tierra de la Ilusión- dijo Doc.
  • ¡La tierra de la Ilusión!, ¿Cómo puedo ir a parar allí?, preguntó Victoria.
  • En realidad, este es el lugar en el que has estado la mayor parte de tu vida de acuerdo con la forma en que llegaste aquí. (…) Usando el mapa de otra persona”.

Desde pequeños es difícil que nos enseñen a aprender a escucharnos a nosotros mismos y seguir las indicaciones de nuestro corazón. El miedo a cometer errores, el miedo al fracaso o, incluso, la confianza en la persona a la que pedimos consejo más allá que la que tenemos en nosotros mismos, se convierten en un parapeto complicado de traspasar. ¿Y qué habría ocurrido si hubiésemos cometido un error o si fracasamos? ¿Acaso no habríamos encontrado la forma de superarlo?

Llegados a este punto, podríamos preguntarnos, ¿estamos viviendo la vida que realmente queremos, nuestra vida, o estamos usando el mapa de otra persona? El viaje no es igual para todos y, así, el camino adecuado para uno, tal vez no lo sea para otro.

“En la tierra de la Ilusión nadie sabe con seguridad lo que es real. (…) No solo le ocurre a la gente, sino también a los conejillos que tienen miedo de saltar y a los pájaros que temen cantar.

  • ¿Por qué? – preguntó la princesa que apenas podía creerlo.
  • Porque se imaginan que no pueden hacerlo bien por las comparaciones con otros de su igual. Es más, los conejos y los pájaros se enfadan con sus madres por haberlos tenido y con el mundo por no haberlos hecho un poco mejores.
  • Pero, ¡eso es ridículo! ¿Qué diferencia puede haber si un conejo no salta tanto como otro o si el canto de un pájaro suena de forma diferente al de otro?

Luego comenzó a recordar todas las veces de su vida en las que había tenido miedo de realizar algo porque creía que no sería capaz de hacerlo bien”.

Nos resulta fácil ver fuera, en las otras personas o situaciones ajenas a nosotros, la realidad tal y como se muestra, pero ¿cuánto tiempo tardamos en verla en nuestra propia persona, si es que queremos verla? ¿Por qué nos cuesta tanto ver en nosotros lo que vemos fuera con nitidez?

“También está un manzano que tiene mucha vergüenza de producir manzanas porque los árboles de alrededor crían peras y el manzano cree que produce la fruta equivocada.

De repente la princesa se acordó del dedo del rey moviéndose con fuerza delante de su nariz mientras le gritaba: ¡Eres demasiado delicada, demasiado sensible, Victoria! Tienes miedo de tu propia sombra y eres muy soñadora ¿por qué no puedes ser como las demás princesas?

“Pero, lo único que había hecho era comportarme de forma natural -pensó-. ¿Era posible que esperaran que mi comportamiento fuera otro todo el tiempo?” Victoria se entristeció al recordar la primera vez en que la pequeña Vicky le dijo en voz baja: “Yo soy así y no debo ser bastante buena”. “¡Cómo pude gritarle, hacerle llorar y encerrarla en un armario cuando todo lo que había hecho la pobre niña era ser ella misma!”, pensó.

Se le hizo un gran nudo en la garganta y comenzó a sentir una gran opresión en el pecho. “¡Cuánto lo siento, Vicky! -dijo Victoria en silencio-. No lo sabía, no me di cuenta…¿qué te he hecho?”.

Es en nuestro interior donde vamos a encontrar la primera persona con la que empatizar y a la que comprender, a nosotros mismos. ¿Cuál es nuestro discurso interno? ¿Por qué no respetamos nuestros tiempos? ¿Para qué nos hemos exigido y, en ocasiones, seguimos exigiéndonos ser algo o alguien que no somos?

“Pronto vieron a un mono en la orilla de un gran estanque.

  • Por favor, déjame ayudarte o te ahogarás, -dijo el mono inclinándose y cogiendo un pez del agua para llevarlo con cuidado al árbol.
  • ¿Qué está haciendo?, ¡lo va a matar!, -exclamó la princesa.
  • El cree que le está ayudando, -respondió Doc.
  • ¿Esto pasa siempre?
  • Sí, esto y mucho más. Si te parece mal que los monos intenten salvar a los peces, deberías ver lo que pasa cuando unas personas intentan salvar a otras.
  • Ya lo sé, -dijo la princesa recordando su intento por ayudar al príncipe y cómo éste le había dicho que no necesitaba ayuda”.

Las situaciones no siempre son como las vemos nosotros, es necesario que podamos desarrollar la comprensión hacia el otro y asumamos que, las situaciones son como las viven, no como nosotros las interpretamos. ¿Todo lo que yo creo que ayuda al otro verdaderamente le ayuda?

Dª. Joaquina Fernández nos regala una reflexión en este sentido, evidenciando, con el ejemplo de la mariposa, que cada uno tenemos nuestro camino de crecimiento y desarrollo -con mayores o menores obstáculos a los ojos de los demás- y si este camino se interrumpe o se fuerza, la mariposa que estábamos destinados a ser, puede que no llegue a ser nunca.

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6 febrero, 2019 CIBERESPACIO

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