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58. LA PRINCESA QUE CREÍA EN LOS CUENTOS DE HADAS: Aprender a nadar bajo la tormenta (VIII)

Bajo la afirmación “uno no ve lo que no está dispuesto a ver”, en el post anterior, propusimos reflexionar sobre nuestro mayor miedo como la palanca que nos permita abrirnos a nuestro mayor aprendizaje y emprender un camino diferente.

“El único camino que quiero encontrar es el de vuelta a casa, -dejó escapar Vicky-, y más nos valdría regresar pronto antes de que el príncipe encuentre una nueva princesa a quien amar. (…) No puedo vivir sin él, ¡imposible! –dijo gritando. Es como si alguien nos hubiese cortado los brazos y las piernas.

  • ¡Lo que dices es horrible! –contestó Victoria, y añadió: horrible, pero cierto.

En ese momento, el sol se ocultó entre una gran masa de nubes densas y negras, y el mundo de Victoria comenzó a desmoronarse presa de la duda. (…)

  • ¡Mira! –dijo Vicky llorando. El mundo entero comparte nuestra pena.

Eso hizo que Victoria comenzara a llorar también. Cuando más llovía, más lloraban y viceversa; (…) los charcos formaron un arroyo continuo de agua turbulenta y se transformó en un torrente que se llevó todo lo que no estaba bien sujeto al suelo”.

Es posible que, sin ser conscientes, lleguemos a olvidarnos de nosotros mismos hasta el extremo de dejar de querernos y volcar sobre la otra persona todo nuestro amor y dependencia, creyendo que sin ella no somos nada. ¿Por qué hacemos depender del otro nuestra felicidad? ¿Para qué es necesario tanto sufrimiento al no recibir lo que esperamos?

“Un impetuoso golpe de agua la arrastró y la tiró al suelo apartándola del camino. ¡Tengo miedo al agua!, -dijo Vicky gritando. De repente, una brillante cabeza gris salió del agua.

  • Nadie puede salvarte. Ni yo, ni un príncipe, ni nadie más –dijo el delfín Dolly.
  • ¿Me estás diciendo que vas a dejar que me hunda?, le preguntó la princesa.
  • No, lo que quiero decir es que está en tu mano…o bien ahora o la próxima vez, a no ser que aprendas a nadar.
  • Aunque te sacara de aquí sería sólo cuestión de tiempo que te volviera a alcanzar otra tormenta y te encontraras de nuevo en peligro sin poder evitarlo, pues hay que vencer muchas tormentas a lo largo del camino -dijo el delfín Dolly-. Sólo lo conseguirás si aprendes a nadar.
  • Pero Vicky siempre se ha negado a ello.
  • Entonces, ¿prefieres pasarte toda la vida intentando no ahogarte, igual que ahora, buscando y esperando que el bote ideal te salve de una vez por todas?”.

¿Cuántas veces nos hemos encontrado inmersos en la misma situación que nos provoca bloqueo, enfado o tristeza? Si ponemos el foco en nosotros mismos y consiguiésemos ver que, en la mayoría de las ocasiones, la elección de cómo vivir esa situación o, incluso, que no se vuelva a repetir, depende de nosotros, ¿podríamos probar a actuar de forma diferente?

  • Podrías sacarnos de la tormenta -insistía Vicky-.
  • Podría, pero no lo haré porque cuando le das un pez a un hombre le estás dando de comer hoy pero cuando le enseñas a pescarlo, le proporcionas alimento para toda la vida. Sólo os puedo enseñar a ayudaros a vosotras mismas.
  • ¡No lo entiendes! -le gritó Vicky al delfín-, ya te lo he dicho, ¡no sabemos nadar!
  • Eres tú la que no lo entiende. Sabes nadar, lo que pasa es que has elegido no hacerlo, pero yo puedo enseñarte. (…) Lo que sí es seguro es que te hundirás si no lo haces ya.
  • No, no. ¡No quiero dejar el bote! (…)
  • Algunas personas tienen que llegar a tocar fondo para que quieran aprender a salvarse. Es más, incluso en esos momentos, los hay que siguen sin atreverse a intentarlo. Comenzasteis este viaje para evitar hundiros en un barco que se iba a pique -dijo Dolly-, ¿estáis seguras de que queréis que os ocurra lo mismo en este otro?

Es posible que llevemos años actuando y viviendo de la misma manera, aquélla que elegimos en su día porque consideramos que era la que más nos favorecía. Ahora bien, actuar de la misma manera, nos llevará a los mismos resultados. Puede que, como nuestra princesa, busquemos que sean otros los que nos salven o nos solucionen los problemas. La vida nos traerá aprendizajes para ponernos a prueba y testarnos. ¿Y si aprovechamos estas ocasiones para darnos cuenta de la necesidad de iniciar un cambio, en lugar de esperar a aprender de golpe por la vía del dolor? Quizá, deshacer el hábito de consultar a los demás, y tener presente la escucha atenta a nuestro corazón nos abriría la puerta a una nueva forma de actuar.

  • Dolly se refiere al príncipe -le aclaró Victoria a Vicky ante su incomprensión-. Él era el otro barco y tuvimos que decidir si quedarnos o hundirnos con él o salir de ahí e intentar nadar. Si nos hubiéramos quedado, nos habríamos ahogado en nuestras propias lágrimas. Si permanecemos en este barco, moriremos en el mar.
  • Sí, a veces debes renunciar a quedarte y comenzar a andar, -dijo Dolly.
  • Elegimos nadar entonces y volvemos a elegirlo ahora, afirmó Victoria.
  • Si nos soltamos del bote, nos ahogaremos. ¡Lo sé!, dijo Vicky.
  • Llevas ahogándote muchos años y ¡ni siquiera estabas dentro del agua! -le contestó Dolly. Tienes tanto miedo que aún no te has dado cuenta de que ha amainado la tormenta. La vida no viene con el certificado de garantía. Puedes aprovechar una oportunidad o dejarla pasar.

En ocasiones, el miedo y la duda están tan presentes y con tanta intensidad que nos impiden ver la realidad, lo que hace que sintamos que no estamos preparados.

Si queremos resultados diferentes, a veces tenemos que renunciar a la comodidad de lo conocido y comenzar a andar por otros caminos -no necesariamente más fáciles-, actuando conjuntamente con la corriente en vez de luchar contra ella. El miedo y la duda estarán, son nuestros compañeros de viaje. Como tales, si les identificamos y les aceptamos, podremos hacer que nos acompañen, en vez de que nos frenen, cuando nuestro corazón tiene claro el camino que quiere seguir. ¿Y si pusiésemos nuestra energía en aquello que podemos hacer, en vez de prestar atención a lo que no podemos conseguir? ¿Es posible que este giro en la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos nos permita avanzar? Al ganar en confianza sobre nosotros mismos, a través de pequeños pasos, nos convertiríamos en la causa de nuestro éxito.

“Miles de veces Dolly tuvo que recordarle que respirara de forma lenta y profunda, que invitara a su cuerpo y mente a relajarse y que se concentrara en lo que era capaz de hacer. (…) El mar y la vida tienen muchas cosas en común –dijo Dolly. Relájate, déjate llevar, ten fe en que vas a flotar…y así será. Pero niégalo, piensa que te vas a hundir…y así ocurrirá. La elección es tuya.

Tras muchos intentos siguiendo los constantes consejos alentadores de Dolly, la princesa comenzó a flotar con éxito. (…)

Ahora debes aprender a moverte en el agua –continuó Dolly.

Vicky se negó a moverse. A pesar de sentirse agotada y frustrada, Victoria no tenía la más mínima intención de rendirse: Recuerda lo que nos dijo Doc, Vicky “Uno se rinde ante la desesperación y cede a la aceptación”. No debemos rendirnos, sólo ceder. Aceptar nuestros miedos y hacerlo de todas formas o, de lo contrario, nunca aprenderemos a nadar.

En el momento en el que Vicky aceptó, la tensión desapareció del cuerpo de la princesa y comenzó a moverse en el agua mientras el mar se iba calmando”.

Estar en lucha constante con nosotros mismos nos destruye como personas. En nuestro interior existe una parte intangible que forma parte intrínsecamente con lo más profundo de nuestro ser y, por tanto, inevitable en nuestra condición de ser humano. ¿Y si probar el camino de la aceptación nos llevase a un lugar diferente, por ejemplo, a empezar a amar lo que hay?

“¡Vaya el arco iris!- dijo Vicky emocionada. Me encanta que las nubes negras y esa lluvia tan desagradable hayan desparecido.

Son el sol y la lluvia los que crean el arco iris, Vicky, -dijo Dolly, y es algo que merece la pena recordar”.

Si bien es cierto que hay días nublados y de fuerte tormenta, nos ayudará recordar que el sol siempre está ahí, detrás. Aunque haya días que no le podamos ver, sí lo podemos sentir.

 

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26 enero, 2019 CIBERESPACIO

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