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57. LAS ENFERMEDADES FINANCIERAS: La pereza (VI)

Al hilo de lo analizado en los posts anteriores, hoy reflexionaremos sobre la pereza.

La Real Academia Española (RAE) define la pereza como

“Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados.

Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos.”

De esta manera, podemos asociar la pereza a aquel comportamiento que ralentiza nuestra vida induciéndonos a procrastinar aquellas tareas que no nos gustan.

Este comportamiento es, ¿causa o efecto?

Si bien podríamos concluir que es la causa de nuestra procrastinación, considerarla como el efecto nos adentraría en la necesidad de comprender cuál es la causa de su aparición.

¿Es posible que los signos de la pereza nos estén evidenciando que existe una parte de nuestra vida en la que nos hemos paralizado? ¿Tal vez nos recuerde aquella parte de nosotros a la que no hemos dedicado el tiempo suficiente para atenderla porque hacerlo implicaría un tiempo y un esfuerzo que no estamos dispuestos a realizar?

Esta conducta puede aparecer durante el estudio, en las labores cotidianas, al madrugar, al hacer deporte, al disfrutar de uno mismo, al hacer una actividad concreta en el trabajo…En alguno de estos momentos, nos convertimos en presa de una niebla espesa que enturbia nuestra mente quedándonos imbuidos por la desmotivación y el descuido.

¿Nos hemos preguntado para qué aparecen la desmotivación y el descuido?

Identificar esta llamada es la clave para aceptar que, en una parte de nuestra vida, abrimos la puerta a la pereza. Y, al ralentizar nuestra vida para ir a la acción, a la relación, adquirir conocimiento o analizar las circunstancias que nos envuelven, impedimos que el crecimiento, el disfrute, el aprendizaje o la innovación formen parte de nuestra vida.

¿Qué beneficios tiene para nosotros mantenernos en nuestra conducta y esperar a que el tiempo u otra persona acudan a rescatarnos?

¿Qué pasaría en nuestras vidas si nos comprometeríamos a activar a aquella parte perezosa de nosotros?

Caer en la comodidad de la pereza amartillea nuestra confianza hasta el punto de creernos que estamos mejor como estamos. Y si nos lo creemos, al final acabaremos teniendo razón.

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18 enero, 2019 REFLEXIONES

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