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54. LA PRINCESA QUE CREÍA EN LOS CUENTOS DE HADAS: Conquistar nuestro vacío interior (VI)

En el post anterior, reflexionábamos sobre nuestra parte escondida y el valor de la comunicación como un instrumento de conexión con el otro.

“Miró por entre las ramas con la esperanza de ver al búho “Doc” pero no estaba.

  • ¡Doc! –gritó la princesa- ¡Ojalá supiera la forma de librarme del espíritu maligno! Así sería feliz. Pensé que se te ocurriría algo que todavía no he probado.
  • En efecto, conozco ese algo y es nada. El no hacer nada es algo que todavía no has intentado. Debes dejar de actuar y comenzar a no hacer nada en absoluto. No hacer nada y no decir nada; no dar explicaciones, no defenderte, no poner las cosas en orden, no protestar, no pedir perdón, no amenazar, no preocuparte, no pasarte noches en vela pensando y calculando ¿entiendes la idea? Cuando no hagas nada, en realidad estarás haciendo algo…algo que ayudará al príncipe si te alejas de su lado”.

Puede parecer sencillo no hacer nada. Simplemente, estar y acompañar al otro en silencio o hacerlo con nosotros mismos. ¿Cuál podría ser el beneficio de ponerlo en práctica?

“La única persona que puede hacer magia en el príncipe, es el príncipe mismo, -dijo Doc; pero tu felicidad no depende de si puede o no.

  • Sí, toda, -contestó Vicky.
  • No tiene por qué.
  • ¿Qué hacemos entonces? –preguntó Victoria.
  • Lo que te he sugerido antes: no hacer nada. Al menos, nada que tenga que ver con el príncipe y con el espíritu. Puedes, sin embargo, hacer algo por ti. A decir verdad, hay muchas cosas que puedes hacer por ti. (…) La verdad es la mejor medicina. Toma toda la que puedas tantas veces como te sea posible.
  • ¿Cómo puedo encontrar la verdad?
  • Comienza con esto – le contestó-, sacando un librillo con la siguiente inscripción: “Guía para vivir siempre feliz. Para princesas que están enfermas y cansadas de estar enfermas y cansadas”. Recuerda que leer el libro es sólo el comienzo –le dijo Doc-, pues para que cambien las cosas, debes cambiar tu primero.
  • ¿Yo? ¡Es el príncipe el que tiene que cambiar!
  • Eso sólo depende de él, y debes tener esto muy presente. Debes elegir ser feliz antes de hacer lo conveniente. La felicidad es una elección”.

Solemos pensar en cómo ayudar al otro para que cambie, mejore o haga las cosas de manera diferente, pero ¿realmente depende de nosotros?, ¿y si pusiéramos el foco en nosotros mismos y dejáramos que los demás se responsabilizasen de su camino? Tal vez nuestro cambio, sea el primer paso para que haya más cambios; en palabras de Mahatma Gandhi: Tú debes ser el cambio que quieres ver en el mundo.”

Una de las grandezas del ser humano radica en nuestra posibilidad de cambio. Si nosotros cambiamos, cambiaremos nuestro mundo: nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar, de relacionarnos con nosotros mismos y, en consecuencia, con los demás. Ahora bien, si decidimos mantenernos inmóviles en lo aprendido, y por mucho que las circunstancias de nuestro alrededor cambiasen, nosotros seguiríamos viviendo anclados en nuestro pasado.

 “El no hacer nada con respecto al príncipe resultó mucho más difícil que hacer algo. La princesa se metía las manos en los bolsillos para acordarse de su nueva táctica de no intervenir. Asimismo, se imaginaba que tenía la boca tapada con esparadrapo siempre que necesitaba recordar que no debía decir nada. (…)

Su mente, por desgracia, estaba saturada, pero el resto de su cuerpo estaba vacío. De hecho, en su vida y en ella misma había un gran vacío y nada parecía poder llenarlo. Conforme pasaba el tiempo, cada momento vacío pesaba más en sus manos…en su mente…y en su corazón”.

Cuando dejamos de hacer “para el otro” y paramos a atendernos a nosotros mismos, ¿qué nos ocurre? ¿Es posible que también sintamos ese vacío interior? ¿Y si para evadirnos de ese vacío ponemos en marcha la máquina de hacer “para el otro”? Quizá descubrirnos yendo de compras cuando realmente no lo necesitamos, viendo de forma compulsiva la televisión o enganchándonos a vídeo juegos esté evidenciando esa conducta.

“Buscó con gran desesperación en las páginas de la Guía para vivir siempre feliz algo que le dijera lo que debía hacer y lo encontró: elimina los pensamientos y sentimientos negativos escribiéndolos en un papel. (…)

Mientras escuchaba el campanilleo de su canción favorita, ese dolor tan profundo comenzó a desbloquearse y, cogiendo de nuevo la pluma, fue liberando y exteriorizando la agonía, escribiendo en un pergamino tras otro todo su dolor y vertiendo, a la vez, tantas lágrimas que la tinta dibujaba pequeños riachuelos que recorrían el papel hasta llegar a los márgenes.

La princesa leía cada día reflexionando sobre los párrafos: “la felicidad es una elección. Una vez que se ha hecho la elección, debes practicar la felicidad lo mejor que sepas, aunque tengas que fingir hasta que lo consigas”, y seguía explicando de qué forma las acciones originan pensamientos, y éstos a su vez, condicionan nuestros sentimientos.”

Encontrar un espacio en el que nos sintamos a gusto para exteriorizar nuestros sentimientos,  es una forma posible para identificar qué es lo que nos ocurre, lo que nos impide avanzar o lo que esperamos que el exterior nos dé. De esta manera, podemos acudir a nuestro interior para observar nuestras emociones y nuestro discurso mental ante el devenir de las circunstancias que nos asolan.

En este punto, es posible que otra célebre frase de Gandhi nos arroje un poco de luz: La felicidad existe cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía”.

 “Se ofreció voluntaria para dirigir la representación anual infantil en el orfanato, se matriculó en el curso de diseño floral, donde se obligaba a asistir y practicaba al máximo su habilidad para sonreír ante los demás aunque no tuviera ganas, repitiéndose a sí misma “finge hasta que lo consigas”. Comenzó a preparar de nuevo sus recetas favoritas, esforzándose al máximo por disfrutar mientras las saboreaba aunque el Señor Escondido fuese a cenar dispuesto a amargárselas. Fue empleando menos tiempo en hacer las cosas con sumo cuidado temiendo que algo fallara, y más en pensar en otras cosas que no fueran ella misma ni lo mal que se sentía.  

Una tarde, mientras preparaba los ingredientes…, reconoció un sonido muy agradable que hacía mucho tiempo que no oía…su propia voz tarareando una canción (…). Volvió a cantar para gran sorpresa suya. La cocina cobró vida.

Y, poco a poco, la princesa se fue ocupando más de sí misma. Pero cuanto más se dedicaba a ello e impedía que las injurias del príncipe le afectaran, más lograba hacerle enfadar”.

Quizá amarse, pase por fingir que uno acepta aquella parte criticada por la sociedad al recordarnos nuestra propia imperfección. Quizá fingir implique que nos reconozcamos como seres humanos y nos creamos perfectos en nuestra propia imperfección.

Tal vez “ocuparnos” de nosotros mismos y dejar a los demás que hagan su camino, carecerá en muchas ocasiones de apoyo exterior, pero si la felicidad depende de nosotros mismos, ¿nos hemos planteado de quién la hemos hecho depender?

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29 diciembre, 2018 CIBERESPACIO

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