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52. LA PRINCESA QUE CREÍA EN LOS CUENTOS DE HADAS: La llamada de nuestra parte escondida (V)

En el post anterior, reflexionábamos sobre cómo asumir la responsabilidad de nuestras decisiones para tomar las riendas de nuestra vida y crecer en independencia.

  • “¿Qué te ocurre? -le contestó la princesa al príncipe-.
  • No lo sé, princesa. Es como si algo se apoderara de mí, pero no puedo explicarlo. Es una fuerza que me domina, y me oigo a mí mismo diciendo unas cosas horribles. No puedo creer que salgan de mi boca. Está más escondido.
  • ¿Escondido?… hmm.. eso me recuerda a una historia que me contaron una vez acerca de un terrible monstruo que se llamaba Señor Hyde. A veces este señor Hyde entraba en el cuerpo de otro hombre llamado Doctor Jekyll y le obligaba a hacer unas cosas espantosas…claro, ¡eso es exactamente lo que te ocurre! ¡El Doctor Risitas se convierte en el Señor Escondido!
  • Princesa, tienes que ayudarme, por favor, – le suplicó el príncipe-.”

¿Es posible que todos tengamos una parte que mostramos y otra que tratamos de ocultar, incluso a nosotros mismos?

“Al principio, el hechizo se apoderaba del príncipe sólo una vez, permanecía en él durante un rato y duraba pocos minutos. Pero, conforme pasaba el tiempo, se manifestaba con más frecuencia y duraba horas o días enteros. Cuando el Señor Escondido desaparecía, la princesa tenía la sensación de haber sido arrollada por un caballo desbocado con lo cual cada vez le costaba mucho más recuperarse”.

Carl Gustav Jung, psicólogo y médico psiquiatra suizo define el arquetipo sombra como el aspecto inconsciente de la personalidad caracterizado por rasgos y actitudes que el Yo Consciente no reconoce como propios. El inconsciente lucha por mostrarse, pero es reprimido continuamente por el ego.

En este punto, ¿y si la parte escondida se manifiesta para que le prestemos la atención que nosotros mismos no le damos? ¿Es posible que cuanto más intentamos esconderla, más visible y destructiva se acaba mostrando al exterior?

Imaginemos que, en la relación de pareja, somos nosotros los que nos sentimos víctimas de la sombra del otro. De ser así, ¿para qué nos sentimos arrollados por la sombra del otro? ¿Tal vez nuestro inconsciente quiera encender la llama del otro y vivir desde ahí nuestra propia sombra?

 “Puesto que la princesa sabía que el príncipe era bueno de corazón y que no podía evitar su manera de hablar ni de comportarse mientras estaba bajo el influjo del espíritu maligno, intentaba por todos los medios encontrar la forma de liberarlo. (…) En primer lugar, le sugirió que debía buscar el consejo de un profesional. (…) El príncipe lo rechazó. (…)

  • Si me amas de verdad, encontrarás la forma de hacer desaparecer el hechizo -le dijo el príncipe con gran desesperación.

Cuando volvió de nuevo el Sr. Escondido, la princesa probó a pedirle que dejara de atormentarla; pero no funcionó y siguió con el paso siguiente: amenazarle con irse de casa, pero tampoco dio resultado. La princesa no tenía intención de rendirse. En la nueva aparición del Sr. Escondido, se colocó cara a cara frente a él:

  • Voy a luchar a muerte contigo para conseguir que regrese de una vez por todas el Doctor Risitas, -le dijo la princesa con todas sus fuerzas-.
  • ¿Tú? ¿luchar conmigo a muerte? Con lo frágil y debilucha que eres, que hasta tienes miedo de tu propia sombra, que ni eres capaz de tensar la cuerda de un arco y que caes enferma cada vez que sopla un viento frio. Mira cómo tiemblo, princesa…

Aunque él puede que no temblara de miedo, ella sí que lo hizo. Tenía el estómago encogido, el pecho le oprimía tanto que apenas podía respirar y la cabeza comenzó a golpearle con gran fuerza mientras los gritos de angustia de Vicky estallaban en su interior”.

Plantearnos la utilidad de vivir estas experiencias nos puede ayudar a encontrar su finalidad positiva. ¿Qué pasaría en nuestra vida si viviéramos cada experiencia como una llamada a abrirnos al aprendizaje?  

“El hechizo sólo se apodera de mi cuando estoy contigo y no me sucede con nadie más. Ahora dime, ¿qué piensas de eso, señorita perfecta y princesa tiquismiquis? ¡Todo es culpa tuya! -gritaba el príncipe-.

Victoria, callada, se atormentaba con el problema:

  • Tal vez…es posible que el espíritu maligno sea por nuestra culpa. Quizá seamos las culpables de todo, -terminó diciendo Vicky-.
  • Tendremos que ser buenas, más aún, perfectas, -le dijo Victoria.
  • No puedo hacerlo. Ya lo intenté con el rey y la reina. No puedo ser mejor de lo que ya soy.
  • Bueno, creo que deberías intentarlo y, esta vez, espero que lo consigas. De lo contrario, el príncipe nos dejará.”

Una vez que hemos hecho todo lo que creemos que está en nuestra mano para “ayudar” al otro, ¿nos hemos preguntado si nuestra buena intención se ha visto acompañada con tener en cuenta el pasado de la otra persona, sus problemas, su carácter, su personalidad?

Quizá acudir a la comunicación como un instrumento de conexión más allá de nosotros mismos nos permita poder comunicarnos con la parte escondida del otro y atender el dolor que de manera tan vehemente nos reclama. Al hacerlo, tal vez dejemos de creernos imperfectos transformando la autoexigencia en la aceptación de todas las partes de nuestro ser.

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15 diciembre, 2018 CIBERESPACIO

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