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48. LA PRINCESA QUE CREÍA EN LOS CUENTOS DE HADAS: Trabajemos la mirada interior (III)

En el post anterior, Victoria decidió encerrar a su niña interior -Vicky- con la confianza de que las cosas irían mejor sin ella; pero las cosas no le fueron tan bien como pensaba ya que “ser perfecta seguía siendo una ardua tarea”.

Transcurrieron los días y una soleada mañana, el “príncipe azul” que esperaba apareció para quedarse. Victoria decidió buscar a Vicky para contárselo.

“Allí estaba, agachada en el suelo protegiéndose la cabeza con los brazos.

  • ¡Vete de aquí y déjame sola! ¡No quiero salir! – le contestó Vicky gritando.
  • Tengo muchas cosas que contarte. No tengas miedo, no voy a hacerte daño.
  • Ya me lo hiciste una vez. Bueno, muchas.

Victoria se arrodilló al lado de Vicky y rodeó con sus brazos a la niña que tenía delante de ella, con el fin de consolarla. Al principio permanecieron agachadas en silencio, pero luego comenzaron a hablar, a recordar y a llorar”.

Abrir la puerta del pasado para aceptar la presencia de las imperfecciones de nuestro niño interior nos permite transformar la culpa en aceptación. ¿Qué beneficios tendría para nosotros escuchar y comprender a nuestro niño interior?

 “A petición de Vicky, Victoria le volvió a contar su encuentro con el príncipe.

  • Parece realmente encantador y quiero conocerlo -dijo Vicky-, pero… ¿qué pasará si no le gusto?, ¿y si me odia igual que el rey y la reina? Volveré a ser un estorbo para ti, me encerrarás otra vez y …
  • Ya se nos ocurrirá algo. Es todavía muy pronto para precipitarnos”.

¿Qué nos ocurre cuando los miedos afloran? Bien basados en experiencias, bien basados en creencias, en ocasiones, nos impiden avanzar y nos hacen cuestionarnos a nosotros mismos. Otras, nos limitan a vivir en la comodidad de lo conocido. Incluso, podría llevarnos a una dependencia del exterior o de otra persona.

¿Y si identificar nuestro miedo nos permitiera aceptar nuestra vulnerabilidad para desde ahí aceptar lo que sentimos? ¿Y si lo lográsemos al escucharnos y prestarnos atención?

Quizá adentrarnos en este proceso nos permita encontrar en nuestro niño interior esas cualidades que no solemos mostrar o manifestar porque no son “socialmente aceptadas”, nos generan vergüenza, “romperían” la imagen que nos hemos creado de nosotros mismos… pero ¿para qué reprimir o condenar cualidades que nos conectan con el niño que fuimos y sigue presente en nuestro interior?

“Conocer al príncipe significaba amarle. El príncipe sólo sentía amor por Victoria, por su gentil donaire y por su frágil constitución. También admiraba en ella su ingenio y le encantaba sentirse retado por su inteligencia. Cuando estaba a su lado, la princesa se sentía hermosa, especial, segura de sí misma y protegida.”

Muchos de nosotros vivimos en la ilusión de que son los demás los que nos hacen valiosos ¿Qué hace que aquello que los demás valoran no lo encontremos dentro por nosotros mismos? ¿Es posible que la ausencia de autovaloración implique una carencia de amor hacia uno mismo?

“Pasaron los meses, la princesa se graduó, el príncipe ganó su corazón para siempre y se casaron. (…) El príncipe demostró ser no solo apuesto y encantador sino también inteligente, fuerte y muy hábil. Se encargaba de todos los asuntos de palacio y siempre tenía tiempo para traer a la princesa rosas rojas.

El príncipe era su luz, su razón de ser. Ella le colmaba de atención y de cariño. La vida con el príncipe era tal y como había deseado e incluso mejor. (…) El mundo para ella era perfecto”.

La princesa comenzó su nueva vida con su “príncipe azul” en su nuevo palacio, tal y como ella esperaba y para lo que se había estado preparando y formando toda su vida. Pronto se dará cuenta de que las cosas no son siempre lo que parecen…

 

 

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17 noviembre, 2018 CIBERESPACIO

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