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44. LA PRINCESA QUE CREÍA EN LOS CUENTOS DE HADAS: Aprender a separar la ilusión de la realidad (I)

La princesa que creía en los cuentos de hadas (1998) es una obra de Marcia Grad. A través de ella, la autora nos acerca la ternura e inocencia de nuestro mundo emocional con el objeto de identificar las creencias que construyen nuestra realidad. La finalidad: dejar de vivir una ilusión con el objetivo de alcanzar la felicidad plena.

Victoria, una delicada princesa, creció soñando que algún día encontraría a su príncipe azul y se esforzó para ser merecedora de ello. Cuando empieza a convivir con su príncipe, las cosas no suceden como había imaginado, y la vida le lleva a emprender un viaje por el “Camino de la Verdad”.

“Con cuidado de no darle demasiado fuerte, giró la pequeña llave y, al instante, el campanilleo de la canción: “Algún día llegará mi príncipe” se extendió por toda la habitación y la elegante pareja comenzó a dar vueltas y más vueltas.

  • ¡Mi canción favorita! -exclamó la princesita-.

Victoria sólo esperaba el momento de subir a su habitación esa noche para jugar a solas con la caja de música y, a la vez, para poder hablar y compartir sus sueños con Vicky, su mejor amiga, aunque el rey y la reina insistieran en decirle que era imaginaria”.

Desde pequeños muchos de nosotros sentimos que nos cuidan, nos visten y nos tratan como si fuésemos auténticos “príncipes” y “princesas”. Crecemos con un ideal de cómo tiene que ser el mundo y, al igual que sucede en los cuentos de hadas o en las películas de Disney, creamos nuestro “príncipe” o “princesa” con quien, por fin, vivir siempre felices.

Ahora bien, ¿nos hemos preguntado si esto es real o nos identificamos tanto con ello que no valoramos otras alternativas? ¿Es posible que la vida nos muestre aquello que no queremos ver para que despertemos de la ilusión creada?

La princesita se colocó delante del gran espejo de bronce. El reflejo que le devolvía le hacía sentirse tan bonita que le daban ganas de bailar. En ese mismo instante, con la música de fondo, no pudo resistirlo. De repente, la reina apareció por la puerta.

  • De verdad, Victoria -dijo la reina-, ¿cómo has podido hacer algo tan indecoroso?

La princesita se sintió humillada. ¿Cómo podía ser tan malo algo tan maravilloso?, se preguntaba. En ese momento, la princesita se prometió a sí misma no volver a bailar su canción “Algún día llegará mi príncipe” delante de nadie más en toda su vida.

Vivir desde la ilusión conlleva acudir a la autoexigencia como medio para esforzarnos en alcanzar la imagen idealizada de perfección que se espera de nosotros. Quizá, la consecuencia sea que en ese camino nos olvidamos de lo que realmente somos.

¿En qué momento dejamos de escuchar a esa parte de nosotros que canta y baila? ¿Para qué priorizamos lo que los demás esperan de nosotros olvidándonos de nuestro niño interno?

Dejar de lado quienes somos nos lleva a desconectarnos de nuestra fuente. En este punto, ¿nos hemos planteado si la finalidad de la vida es mandarnos señales para volver a hacer el camino de vuelta a casa?

Como acompañamiento a esta reflexión os dejamos las sabias palabras de Juan Ramón Jiménez:

“No corras. Ve despacio, que donde tienes que ir es a ti mismo…y tu pequeño yo, recién nacido eterno, no te puede seguir”.

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19 octubre, 2018 CIBERESPACIO
4 Comentarios
  1. Muy bonito post, en alguna que otras ocasiones, pienso que no en todas ellas, debemos escuchar esa parte de nosotros que canta y baila para ser felices, para ser nosotros.

    • Gracias María por leernos y por tu comentario.
      Quizá podamos desarrollar la escucha y la compresión hacia esa parte de nosotros mismos, para encontrar el momento adecuado que permita que esa parte no deje de expresarse.
      Un saludo desde MCF

  2. Gracias, como reconocer en que momento dejamos de oir nuestra voz para escuchar la demas voces. Volver a nuestro yo.

    • Gracias Sonia por leernos y por tu comentario.

      Una de las maneras sería parar e identificar qué es lo que ha propiciado que no nos escuchemos.

      Este es el inicio de un proceso que iremos desarrollando en los próximos post.

      Un saludo desde MCF.

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