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43. 5 HORAS CON MARIO: Acudir a la crítica para no sentirnos culpables


5 horas con Mario es una novela del escritor español Miguel Delibes inspirada en la España de los años 60. Actualmente, adaptada en obra de teatro e interpretada magistralmente por Lola Herrera


Carmen, la protagonista, vela el cuerpo de su marido fallecido. Pide a sus allegados que la dejen sola. Aprovecha este momento para sincerarse con él. A través de tópicos que ahora nos suenan desfasados, critica su forma de vida. Critica la inteligencia e intelectualidad de su marido. Critica la valentía y fortaleza para comprometerse con aquello que piensa. Critica que tenga la capacidad de cuestionar el statu quo. Critica su capacidad de innovar.

No obstante, a través de la crítica, evidencia la falta de amor por sí misma. La necesidad de sentirse imprescindible en los cuidados de su marido, para no sentirse sola. La necesidad de seguir las reglas establecidas para actuar conforme se espera de ella. Piensa que así logrará ser merecedora del amor que no siente hacia sí misma.

Sin embargo, el cenit de la representación ocurre cuando, Carmen, al confesar que ha incumplido una de sus normas, desata todo peso de la culpa para castigarse a sí misma sin aquello por lo que había luchado toda su vida: el amor.

Gracias a la obra podemos entender la influencia del entorno en nuestras vidas. Y, de cómo nos apropiamos de las normas establecidas para construir y justificar nuestra realidad. Más de 50 años después de que se publicase la novela, vemos que muchas de las normas de aquella España nos resultan ciertamente ajenas. Gracias a ello, podemos observar con cierta objetividad la situación. Sin embargo, ¿nos hemos planteado que quizá dentro de 50 años nuestras normas también pueden quedar obsoletas? Si es así, ¿para qué necesitamos apropiarnos de ellas y vivir conforme a ellas aún en contra de nosotros mismos?

Cuando nacemos, somos seres dependientes totalmente vulnerables a las directrices marcadas por nuestros progenitores. Así, con el objeto de sobrevivir emocionalmente, vamos construyendo una personalidad con la finalidad de que nos quieran. En este punto, conjugan nuestras necesidades emocionales internas con las demandas de amor de nuestros progenitores.

Tras la infancia, salimos al mundo para sociabilizar con las personas: entramos en la adolescencia. En este período ampliamos nuestro marco de realidad normalmente acompañado de personas con las que compartimos una misma forma de ver el mundo. Sin embargo, suele aparecer nuestro primer conflicto interno. Por un lado, por miedo, queremos mantener la personalidad creada. Mientras que, por otro, el niño interior siente que esa creación no es suficiente para que sus necesidades estén atendidas. Él nos pide que miremos dentro y nosotros le  seguimos autoexigiendo con las normas de fuera.  

Para perpetrar esta situación nos aferramos a la crítica. A través de ella, queremos destruir lo externo para que deje de confrontar a nuestro niño. Queremos que el mundo se asemeje a la personalidad creada para que nuestro niño interior no pida a gritos que le dejemos hacer aquello que criticamos. Hacerlo, podría situarnos en una situación de riesgo: ya no seríamos nosotros mismos y entendemos que ese motivo es suficiente para que nos dejen de querer.

De esta manera, nos protegemos por miedo, del dolor a no ser amados. Sin embargo, al hacerlo convivimos con el sufrimiento de luchar para que la realidad sea como nosotros queremos.

En este intercambio, la culpa se convierte en un instrumento clave. Tal y como le ocurrió a Carmen, a través de él conseguimos silenciar a nuestro niño interior castigándolo cuando pone en riesgo la destrucción de la personalidad creada. Hacerlo puede implicar que nos dejen de querer. Pero hacerlo, va a implicar que vivamos con la ilusión de que los demás nos quieren: todos, menos la persona más importante, nosotros mismos.

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10 octubre, 2018 CIBERESPACIO

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