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42. EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA: La cima de la verdad (VI)


En el último post, reflexionamos que mantener nuestra voluntad firme en el cumplimiento de los objetivos favorece el desarrollo de la confianza y seguridad en nosotros mismos. Y, en consecuencia tendremos desarrollado el poder suficiente como para vencer nuestros dragones internos.


El Caballero podía ver la cima de la montaña. El sendero parecía más empinado que antes. Centímetro a centímetro, palmo a palmo, el Caballero iba escalando las afiladas rocas. Cuando ya había llegado a la cima, se encontró con una inscripción: “Aunque este Universo poseo, nada poseo, pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido”.

El Caballero reflexionó sobre algunas de las cosas a las que se había aferrado durante toda su vida. Estaba su identidad –quien creía que era y no era-. Estaban sus creencias –aquello que él pensaba que era verdad y aquello que no-. Y, estaban sus juicios –las cosas que tenía por buenas y aquellas que consideraba malas-.

¡Qué maravilla darnos cuenta de la forma en que hemos percibido el mundo para sobrevivir emocionalmente! Y, si al darnos cuenta, ¿pudiésemos vislumbrar la vulnerabilidad de nuestra prepotencia y la fuerza de nuestra debilidad? Quizá la vida se empeñe en acercarnos situaciones que nos permitan eliminar las barreras que nos separan de nosotros mismos.

De repente, la voz de su conciencia apareció.

  • Déjate ir y confía –dijo su voz interior.
  • ¿Qué confíe en quién? –replicó el Caballero enfadado.
  • ¡No es un quién sino un qué! La vida, la fuerza, el universo, Dios, como quieras llamarlo –respondió su voz interior.

¿Qué ocurriría en nuestra vida si aprendiésemos a escuchar a nuestra voz interior?

Llegado a este punto, el Caballero no tenía opción, se dejó ir y se precipitó a la profundidad infinita de sus recuerdos. Recordó todas las cosas de su vida de las que había culpado a su madre, a su padre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos y a todos los demás. Poco a poco, empezó a contemplar su vida con claridad. En ese instante, aceptó toda la responsabilidad por su vida, por la influencia que la gente tenía en ella, y por los acontecimientos que le habían dado forma. Se prometió a sí mismo que nunca más culparía a nada ni a nadie de todos los errores y desgracias. Se reconoció como la causa y no el efecto de su vida.

Ser responsables de nuestra vida nos permite recuperar nuestro propio poder. Y, desde ahí, hacer tangible los dictados de nuestro corazón. ¿Nos hemos dado cuenta en qué situaciones perdemos nuestro poder personal atacando al exterior a través de la queja, culpa o crítica?

El Caballero se puso de rodillas, con lágrimas de gratitud cayendo de sus ojos. Casi muero por todas las lágrimas que no derramé, pensó. Como provenían de su corazón, estaban tan extraordinariamente calientes que no tardaron en derretir lo que quedaba de armadura. Ahora el Caballero era uno con el universo. Era amor.

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6 octubre, 2018 CIBERESPACIO

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