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40. EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA: El castillo del conocimiento (IV)

En el post anterior, nos adentramos en el silencio e intuimos su finalidad: actúa como un instrumento que permite comprender aquello que no queremos escuchar por miedo a confrontarnos con nuestro dolor.

Justo antes de caer la noche el Caballero contempló el castillo del Conocimiento en la distancia. Era el castillo más grande que hubiera visto jamás. Una vez dentro, a oscuras, tanteó el camino hasta donde se encontraba una inscripción que brillaba en la pared: “El conocimiento es la luz que iluminará vuestro camino”. Sin tiempo para comprender, cerca, encontró otra inscripción: “¿Habéis confundido la necesidad con el amor?” El Caballero suspiró y se sentó ante ella.

Acudir al silencio para abrirnos a la escucha nos permite observar la información que está en nosotros. ¿Qué pasaría si lográsemos conectar esa información? ¿Podríamos recabar el conocimiento suficiente para comprendernos?

 La leyó otra vez. De repente, se empezó a dar cuenta que había necesitado toda la belleza que Julieta le añadía su vida a través de su inteligencia y su encantadora poesía. Reconoció que Julieta había mantenido siempre el castillo muy limpio y eso que él le había dado muchos castillos para limpiar. Había dejado que Julieta hiciera casi todas las mudanzas sola. Recordó su aspecto agotado mientras llevaba sus pertenencias de un castillo a otro. Y recordó, cómo se había puesto cuando se vio imposibilitada de tocarlo por causa de la armadura. ¿No fue entonces cuando Julieta comenzó a ponerse bajo los toneles de vino? El Caballero asintió, y las lágrimas brotaron de sus ojos.

Comprendernos implica conectarnos con nuestro mundo emocional. Es posible que al hacerlo conectemos con nuestra parte más vulnerable. ¿Quizá pueda ser este el motivo por el que preferimos que sean los demás los que nos comprendan?

Al secarse las lágrimas, se le ocurrió algo espantoso: no había querido culparse de las cosas que hacía. Había preferido culpar a Julieta por todo el vino que bebía. De hecho, le venía bien que ella bebiera, así podía decir que todo era por su culpa, incluyendo el hecho de que él estuviera atrapado en la armadura.

La culpa es un intento desesperado de nuestro ego para que sigamos llevando la armadura. Nos vuelve intransigentes. Exigimos que las circunstancias cambien con el objeto de seguir perpetuando nuestra forma de percibir la realidad. Sin embargo, ¿qué sentido tiene culpar al otro por no cubrir aquellas necesidades que nosotros, por nosotros mismos, no somos capaces de satisfacer?

Asimismo, había necesitado a Cristóbal, su hijo. Un Caballero necesitaba un hijo para que partiera a las batallas y luchara en nombre de su padre cuando éste se hiciera mayor. Un pensamiento le vino a la mente como un relámpago: Había necesitado el amor de Julieta y Cristóbal porque no se amaba así mismo.

Si necesitemos a nuestros seres más queridos para que satisfagan nuestras necesidades, ¿estamos evidenciando una falta de amor a nosotros mismos?

Y, ¿cómo hago para empezar a amarme?, preguntó el Caballero. Ya habéis empezado. Conocéis la verdad, y la verdad es amor, dijo Merlín.

En la verdad uno puede dejarse ser para diluir la armadura existente entre uno mismo y el mundo. El amor nos permite volver a la unidad al sentirnos parte del Universo del que, por miedo, nos excluíamos.

Ramón Melendi en la canción “Como el agua y el aceite” nos ayuda a reflexionar sobre el sentido de nuestra existencia:

“En este mundo de locos donde no somos pocos los que pensamos que no pertenecemos a él y que estamos aquí para recuperar alguna asignatura pendiente. Me temo que es el amor esa cosa pendiente, pues según lo voy sintiendo más aleja el pensamiento de la ley de la materia convirtiendo en algo etéreo mi vivir y olvidando al fin mi guerra personal por existir“

 

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21 septiembre, 2018 CIBERESPACIO
2 Comentarios
  1. Totalmente de acuerdo El amor hacia uno mismo, te da la felicidad, por eso hay que compartirlo, haciendo una vida mas facil a los demas, dentro de nuestras posibilidades

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