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36. LAS ENFERMEDADES FINANCIERAS: La ambición

La ambición tiene su origen etimológico en la palabra latina ambitio/ambitionis que significa “rodear o merodear”. A través de la ambición, la persona es capaz de acechar un objetivo satisfaciendo así su deseo particular.

La siguiente historia nos ayuda a reflexionar sobre el impacto de vivir desde la ambición:

 “Un señor se dirigió a una aldea, donde no había estado antes, con el objeto de comprar animales de carga. Ofreció a sus habitantes 100 € por cada animal que le vendieran. Buena parte de la población le vendió sus animales.

Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 € por cada animal. Otra parte de los aldeanos le vendió los suyos.

Unos días más tarde ofreció 300 €, y el resto de los vecinos vendió los últimos animales. El hombre, al ver que no quedaban más animales en la aldea, ofreció 500 € a aquellos que le trajesen más. Ese mismo día se marchó.

Al día siguiente su ayudante, haciéndose pasar por un vendedor de animales de carga, llegó a la aldea para vender por 400 € cada uno de los animales previamente adquiridos por el comprador. Ante la posible ganancia, todos los aldeanos compraron los animales. Incluso, quien no tenía el dinero, lo pidió prestado. De hecho, era tal la expectativa de ganancia, que los habitantes de la aldea compraron todos los animales de la comarca.

A la mañana siguiente, este ayudante se marchó. Ni él, ni el comprador volvieron a aparecer por la aldea.

De esta manera, la aldea multiplicó los animales. Con el coste que ello implica. Y, además, la mayoría de los vecinos se habían endeudado.

En los meses venideros, los que habían pedido prestado el dinero, al no vender los animales, no pudieron pagar el préstamo.

Aquellos que habían prestado su dinero a los habitantes de la aldea, cuando comprendieron la imposibilidad de recuperar su dinero, se quejaron a su ayuntamiento. De hecho, amenazaron con arruinar al pueblo si ellos no cobraban.

El ayuntamiento, ante esta situación, decidió proteger a los prestadores con el objeto de cobrar prácticamente la totalidad de la deuda. Para lograrlo, el alcalde destinó el presupuesto del ayuntamiento, quedando también endeudado.

Situación final

El comprador y su ayudante, enriquecidos gracias a su ingenio.

Los prestamistas, recuperaron parte de la cuantía prestada más los intereses. En algunos casos, se adueñaron de los animales. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no llegaron a cubrir el montante de la deuda.

Muchos de los vecinos de la aldea se quedaron arruinados. Sin aperos, ni animales, para ejecutar el trabajo.

El ayuntamiento quedó en grave déficit presupuestario lo que conllevó su quiebra.”

 

Moraleja

Si bien nuestros deseos nos movilizan, también pueden convertirse en el fruto de nuestros males. Vivir únicamente desde la ambición nos fragmenta. Hace que nos prioricemos con el fin de sacar la mayor “tajada”. Nos venda los ojos impidiéndonos ver las consecuencias de nuestros actos. Nos hace vivir en la ilusión del beneficio sin tener en cuenta el posible perjuicio.

Quizá ver el dinero como un instrumento a utilizar más allá de nosotros mismos nos permita vislumbrar que el beneficio de lo colectivo implicará el nuestro. Para ello, necesitamos dejar de priorizarnos a nosotros mismos para comprender que somos uno más en el océano de la vida.

Ojalá la crisis financiera que estamos empezando a superar sea tan sólo un recuerdo doloroso que nos permita aprender de nuestros errores. En caso contrario, la vida, desde su inmensa sabiduría, se encargará de repetirnos la lección hasta que por fin nos abramos al aprendizaje.

Tal vez, preocuparnos por afinar las notas de nuestra música, nos ayude a compartir una melodía que armonice la globalidad de nuestro día a día.

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23 agosto, 2018 REFLEXIONES
2 Comentarios
  1. Es una muy sensata entrada e inteligente razonamiento, con la historia se pueden concluir varias moralejas y llevarlas a la práctica en el día a día, sería ejemplar y al mismo tiempo enriquecedor humanamente hablando.

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