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27. PROFUNDIZANDO EN EL AHORRO: Tiempo para la reflexión

Una vez que hemos superado nuestro miedo a no poder satisfacer nuestras necesidades más básicas y destinamos parte de nuestro tiempo a adentramos en el disfrute de los placeres de la vida, necesitamos preguntarnos hasta dónde llegan los beneficios de apegarnos a repetir el circuito del placer una y otra vez.

Tal y como señalamos en el post “PROFUNDIZANDO EN EL OCIO: Un espacio para entrar en contacto con nuestra emocionalidad”, la dopamina, como neurotransmisor asociado al sistema límbico del cerebro, nos moviliza para cubrir nuestras expectativas y al hacerlo experimentamos placer. Sin embargo, dejarnos arrastrar por la dopamina nos vuelve adictos a mantener el circuito creado. Así, vivir enganchados en este circuito implica que, para llegar a la misma intensidad emocional necesitamos generar más y más dopamina. Por ello, en este punto, nos ayudaría plantearnos las consecuencias positivas de poner límites a nuestra gestión emocional.

Establecer límites a nuestra agitación emocional nos va a ayudar a tranquilizarnos favoreciendo entrar en una situación de inacción donde podemos aprender a observar. Destinar parte de nuestro tiempo para acudir a este proceso de aprendizaje nos ayudará a conectar con nuestra capacidad reflexiva. Ésta, es el primer paso para desarrollar la prudencia, entendida como la cualidad que nos abre la puerta para discernir los riesgos que implican nuestras acciones y adecuar o modificar nuestra conducta en el futuro.

Este ejercicio reflexivo no es nuevo. En el siglo V a.C, Sócrates nos propuso que lo desarrollásemos con el objeto de testar la congruencia de nuestras afirmaciones. Intuyó así, la principal función de la filosofía: servir de soporte para hacer un ejercicio de introspección.  Su método lo basó en la dialéctica. De esta manera, planteaba una proposición y analizaba las preguntas y respuestas suscitadas por la misma.

Así, podemos decir que Sócrates puso la primera piedra, a través de la célebre frase “sólo sé que no sé nada”, para que cada uno de nosotros fuera consciente de nuestra propia ignorancia. Se dio cuenta que si bien la intención particular del individuo humano era positiva, la ausencia del conocimiento suficiente podría propiciar consecuencias negativas no deseables. Su principal aportación de valor a la humanidad consistió en plantearnos la necesidad de revisar nuestro conocimiento para, a partir de ahí, construir conocimientos más sólidos.

De esta manera, entender el ahorro como un instrumento que nos ayuda a sumergirnos en la reflexión, facilitará que queramos observar nuestros gastos para revisar nuestro conocimiento y poder tomar responsabilidad sobre los hábitos creados.

¿Qué utilidad tiene iniciar este camino? Quizá, potenciar un espacio que nos ofrezca alternativas para equilibrar financieramente nuestra vida. Quizá, incorporar cualidades tan importantes como la prudencia y la paciencia que permitan comprometernos con nosotros mismos no sólo a corto plazo sino también a medio y largo plazo. ¿Merece la pena intentarlo?

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23 junio, 2018 REFLEXIONES

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